martes, 1 de abril de 2014

Dulce amargura.


A quien aprendí a amar completamente, me demostró que es posible decir "te amo" aunque no se sienta. Por quien decidí darlo todo basándome en mi confianza ciega, me ha convertido en la desconfianza y suspicacia más plena.

El mismo que me dio alas de felicidad, y por el único que me atreví a volar, es por quien ahora tengo incluso miedo de volver a atreverme a caminar.

Y es que aquél que me hizo soñar con imposibles logrados, me hizo también ver que una promesa fue sólo una palabra más que salió de sus labios.

Aprendí con él a besar sin siquiera rozar sus boca, a verle con el alma, a creer en lo invisible, a confiar en lo que no se puede ver, pero que se siente en lo más profundo de tu ser.

Creí en un paraíso que tenía su nombre, y confié en que era alcanzable.

Amé sin medida cada defecto presente en aquél que decía ser, y aún así, lo amé.

Y a día de hoy, solo le deseo, que aprendiera de mí a sonreír con el alma, ya que no podíamos expresarlo de forma clara. Espero que aprendiera a amar con el corazón y no con las palabras... y espero que, al menos por un segundo, conociese la dulce amargura de amarme en la distancia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario